Mostrando entradas con la etiqueta Alemanes sudetes actual República Checa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alemanes sudetes actual República Checa. Mostrar todas las entradas

jueves, 6 de agosto de 2015

El tesoro de los Sudetes: encuentran pertenencias de checoalemanes expulsados en 1945

Historiadores checos han encontrado en un ático las pertenencias de una familia de checoalemanes que fueron escondidas en 1945 antes de su expulsión. Al escondite les guió uno de sus descendientes, ahora de 83 años de edad. El llamado Tesoro de los Sudetes no contiene dinero ni joyas, pero su valor histórico es muy elevado. Se lo cuenta Carlos Ferrer.

Rudolf Schlatter tiene 83 años y, aunque vive en Stuttgart, nació en el pueblo checoslovaco de Libouchec, en alemán Königswald. Seguramente estuvo pensando mucho estos últimos días sobre su infancia y lo que dejó allí cuando su familia fue expulsada en 1945. A finales del pasado mes de julio se desplazó al lugar de sus orígenes y anunció a las autoridades que conocía el emplazamiento de un tesoro que su familia escondió antes de abandonar Checoslovaquia para siempre.

En la buhardilla de la antigua casa de los Schlatter, que actualmente es utilizada como escuela, los historiadores hallaron un gran número de paquetes envueltos cuidadosamente en papel y atados con cordel. Estaban tan bien ocultos que nadie los había encontrado durante más de 70 años, a pesar de que el tejado del edificio había sido restaurado.

El director del Museo de Ústí nad Labem, Václav Houfek, encargado del caso, explica así el descubrimiento.
 “En un escondite del ático había ocultos 113 paquetes, cajas, cajones y baúles con diferentes objetos. Los trajimos todos al museo, donde en estos momentos tiene lugar su apertura y la clasificación y documentación del contenido de cada paquete”

Los expertos se han encontrado con toda una colección de enseres de la época: cuadros, libros, anuarios de revistas, alfombras, paraguas, sombreros, cubiertos, el gorro de un oficial de la Wehrmacht, esquís, abrigos de piel y otras vestimentas, e incluso una caja llena de botones. Sus propietarios seguramente recordaban la dura posguerra de la Primera Guerra Mundial, cuando se llegó a utilizar botones como moneda de cambio.

 Aunque todavía no se ha abierto ni clasificado todo, Houfek duda que se encuentren los ahorros en metálico de la familia.
“Entonces la única moneda realmente válida eran los objetos de uso cotidiano, y las monedas y billetes no tenían valor”.
Rudolf Schlatter ha explicado a los historiadores que él mismo ayudó a su tío a esconder todo aquello en el ático al final de la guerra. La familia decidió ocultar no solo sus cosas sino también las posesiones de vecinos e incluso de refugiados procedentes del este que habían encontrado alojamiento en la casa.

Poniendo a salvo las reservas para los tiempos duros

Los historiadores suponen que el grueso del tesoro fue puesto a resguardo por los Schlatter justo antes de su destierro. Esperaban poder volver a su hogar en algún momento, y sabían que el edificio sería saqueado tras su partida.
“Contiene una selección de objetos que documenta la mentalidad de la gente al final de la guerra, cuando esperaban su expulsión y no sabían si podrían volver, ni qué pasaría con ellos. Ante esta situación trataron de esconder un conjunto de objetos a los que atribuían algún significado. La mayoría son objetos de uso cotidiano, ya que suponían que volverían pronto y que continuarían en un estilo de vida de posguerra, con las privaciones que ello supone”.
El gran valor del hallazgo viene acentuado además por suponer un hito histórico, asegura Houfek.
“Se trata de un hecho infrecuente. La mayor parte de los llamados tesoros de los Sudetes fueron hallados poco después de la guerra por los checos que tomaron los inmuebles, o después por los propios sudetoalemanes en los años 60 y 70, que pudieron volver para visitar las antiguas pertenencias de sus familias. Aquí en Bohemia Occidental también jugó un papel importante la demolición sistemática de pueblos para crear minas a cielo abierto, con lo que seguramente desaparecieron tesoros parecidos. Es la primera vez que podemos documentar algo así, y gracias al testigo, que tenía entonces 13 años, podremos complementar la información”.

Ahora una de las cuestiones a resolver es a quién pertenece el Tesoro de los Sudetes. De acuerdo con la ley, las posesiones de los Schlatter pasarían a ser propiedad del Estado checo, apunta Václav Houfek.
“Supongo que acabará en la colección del museo. Trataremos de que sea así porque Libouchec se encuentra dentro del ámbito de interés de nuestro museo, pero tendremos que hablarlo con las autoridades competentes, porque el hallazgo muy probablemente pertenece al Estado, ya que entonces las propiedades de los sudetoalemanes fueron confiscadas. Pero no soy abogado, eso se irá viendo. El deseo de Rudi Schlattner es que esté en un museo público, y si no es en nuestro museo, debería estar en otra institución pública del país".

De esta forma el Tesoro de los Sudetes podría ser expuesto al público este año como parte de las actividades culturales organizadas por todo el país en recuerdo del 70 aniversario de la expulsión de los alemanes de los Sudetes.

Tres millones de desplazados

Este episodio histórico aún despierta de hecho pasiones y recelos en la opinión pública checa. Corría el año 1945 y Alemania acababa de capitular. Los Sudetes, una región histórica de Bohemia habitada mayormente por alemanes, volvió de nuevo a integrarse en Checoslovaquia. La ocupación nazi y el papel que los sudetoalemanes habían jugado en ella, junto a las consecuentes tensiones étnicas y otros factores políticos, llevó al presidente checoslovaco, Edvard Beneš, a decretar la expulsión de todos los alemanes étnicos que no pudieran demostrar su oposición al Tercer Reich.
Se trató de una limpieza étnica que vino acompañada en ocasiones de rudeza y brutalidad y que lanzó a una Alemania devastada por la guerra a tres millones de desplazados. Los Sudetes fueron repoblados con checos de otras regiones y esta región, en su momento rica e industrializada, cayó en un largo sopor y decadencia que a su manera dura hasta la actualidad.


Este trágico incidente no solo está lejos de ser olvidado, sino que sigue en la memoria de la opinión pública checa, una parte de la cual teme aún la posible devolución de propiedades a los descendientes de los desterrados. Este año sin embargo, coincidiendo con el 70 aniversario de los decretos de Beneš, se ha producido por primera vez una distensión al respecto. Autoridades públicas checas han lamentado los episodios de mayor crueldad que tuvieron lugar durante la expulsión, en los medios de comunicación se debate sobre la dureza de la revancha y la idoneidad de la culpa colectiva, y por su parte las asociaciones de descendientes de sudetoalemanes más importantes han renunciado a cualquier reclamación territorial.



Fuente: Radio Praga, http://www.radio.cz/es/rubrica/cultura/el-tesoro-de-los-sudetes-encuentran-pertenencias-de-checoalemanes-expulsados-en-1945

martes, 4 de agosto de 2015

Los alemanes desplazados valoran que la República Checa haya reconocido que hubo violencia durante su expulsión


La Asociación de Desplazados Alemanes (BdV) valoró este lunes que la República Checa y otros países de Europa Central hayan reconocido que la expulsión de ciudadanos alemanes de su territorio después de la Segunda Guerra Mundial tuvo un carácter violento. La mencionada organización alemana destacó a la vez que las conclusiones de la Conferencia de Potsdam de 1945 no pueden ser aprovechadas para justificar la violencia que se produjo durante la expulsión de los sudetoalemanes. En relación a Checoslovaquia, Bernd Fabritius, presidente de la mencionada organización, condenó la masacre de alemanes en Ústí nad Labem, la ‘marcha de la muerte’ de Brno a Austria, y los ataques contra alemanes en Žatec y Lanškroun, después de la guerra.


Fuente: Radio Praga, 3 de agosto de 2015  http://www.radio.cz/es/rubrica/bulletin/informaciones-diarias-2015-08-03


sábado, 6 de junio de 2015

La aldea de Výškovice cautivó a Goethe.Como punto de partida para impedir la devastación total de los Sudetes se ha tomado la localidad de Výškovice. Se trata de una aldea que en su momento llamó la atención de Goethe por su especial atractivo

En algunas zonas de la frontera checo-alemana se encuentran antiguas aldeas que sufrieron en carne propia los horrores de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de haber transcurrido siete décadas del fin de la gran conflagración, muchas de esas aldeas siguen abandonadas y están a punto de desaparecer. Con ocasión de que Pilsen es la capital de la cultura europea fue puesto en marcha un proyecto para debatir sobre el futuro de esa región.


Como punto de partida para impedir la devastación total de los Sudetes se ha tomado la localidad de Výškovice. Se trata de una aldea que en su momento llamó la atención de Goethe por su especial atractivo. La arquitecta paisajista Klára Salzmann explicó que poner a andar la idea de reanudar esa zona tan sufrida durante la guerra no fue sencilla.
“Desde el punto de vista de los checos y los alemanes la zona de los Sudetes está profundamente marcada por la guerra. Lanzamos a nivel mundial la siguiente pregunta ¿Qué estiman que se puede hacer con este territorio?”

. Llegaron respuestas de 15 países. Todas las personas e instituciones que se interesaron por el tema coincidieron en que es necesario dar un impulso a la región, aunque sea simbólico.
“Durante mucho tiempo y de manera exhaustiva buscamos una aldea que sirviera para el plan piloto. Un lugar que con una profunda huella de la antigua cultura. Precisamente en Výškovice descubrimos una capilla barroca, lamentablemente su estado es lamentable, pero hay una placa que indica que el sitio fue visitado por Goethe en 1831”.
Después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, los alemanes de los Sudetes fueron transferidos a Alemania y las viviendas y fincas entregadas a nuevos colonos, personas que perdieron todo durante el conflicto bélico.

“Encontramos una película rodada en 1947 que muestra el aspecto real de la aldea. En un patio de la aldea se desarrolla la trama de la película y fue en ese lugar en el que instalamos una mesa, que representa el símbolo de la vida y punto de reunión de la gente”.
Una cosa fue la idea y otra su puesta en marcha, indicó la arquitecta Klára Salzmann. Al final optamos por un proyecto doble que ayudará a mantener viva la idea de hacer algo por la región fronteriza checo-alemana.

La parte del proyecto propuesta por Alemania se centró en encuestas para descubrir qué opina la gente. Se les preguntó sobre la posibilidad de dejar las cosas tal y como están, salvar o renovar.

 “El resultado fue muy interesante. La mayoría de la gente está en contra de que las aldeas desaparezcan bajo la maleza. Desean que se mantengan los caminos, las cruces del camino, capillas para que checos y alemanes puedan visitar esos lugares con una larga e interesante historia”.
Las aldeas de muchas zonas fronterizas cayeron en desgracia en los años 50 y 60 cuando las autoridades comunistas decidieron que no entraban en los programas de electrificación y de construcción de carreteras.

  Hasta el año 1945 vivían en Výškovice más de 200 personas, si bien ahora el paisaje es desolador, la arquitecta Salzmann y otros entusiastas invitan al lugar ya que espera que a corto plazo se convierta en un sitio de energía positiva al que checos, alemanes y demás viajeros acudan para ayudar superar los acontecimientos de uno de los oscuros capítulos de la historia europea.

Fuente. Radio Praga, http://www.radio.cz/es/rubrica/viajes/la-aldea-de-vyskovice-cautivo-a-goethe

martes, 26 de mayo de 2015

Un pueblo alemán en el sur de Chile: PUYUHUAPI: Luisa Ludwig Winkler investigó los orígenes de Puyuhuapi, una pequeña localidad donde un grupo de aventureros alemanes comenzó una nueva vida en el período entreguerras. Surgió cuando un grupo de alemanes de los Sudetes salió de Europa en busca de un futuro mejor. “Puyuhuapi es una fundación de personas étnicamente alemanas, pero ciudadanos checos

Un pueblo alemán en el sur de Chile.

Luisa Ludwig Winkler investigó los orígenes de Puyuhuapi, una pequeña localidad donde un grupo de aventureros alemanes comenzó una nueva vida en el período entreguerras.

Luisa Ludwig Winkler, chilena hija de alemanes, quiso llevar al papel la historia de su pueblo por medio de las voces de sus habitantes. No de cualquier pueblo, claro, sino del lugar donde ella pasó su infancia y donde vive actualmente. Puyuhuapi, en la Patagonia chilena, tiene apenas 550 habitantes (entre ellos la misma Luisa), una cervecería, una fábrica de alfombras y una historia apasionante donde se mezclan la Segunda Guerra Mundial, la colonización del sur de Chile y el establecimiento de alemanes, muchos de los cuales jamás volvieron a su tierra.

Todo eso está reflejado en el relato coral del libro “Puyuhuapi: curanto y kuchen” (“Puyuhuapi war Waldhagen”, en la versión alemana), recientemente presentado en el Heidelberg Center en Santiago. En la obra, y por medio de los relatos de los primeros habitantes de la localidad, Ludwig reconstruye el pasado de un asentamiento que surgió cuando un grupo de alemanes de los Sudetes salió de Europa en busca de un futuro mejor. La misma autora nos lo cuenta:

“Puyuhuapi es una fundación de personas étnicamente alemanas, pero ciudadanos checos, que querían emigrar antes de la Segunda Guerra Mundial, porque veían que podía venir otra guerra. Enviaron a cuatro jóvenes como pioneros para investigar si era cierto que daban tierras en el sur de Chile. Eso fue en 1935, pero tuvieron muchos problemas para encontrar el lugar. Recién en 1939 estuvo todo listo para que emigraran en masa, pero en 1938 Alemania había ocupado Bohemia y ya no daban visas a los jóvenes… estaban preparando la guerra. Es decir, se quedaron en Chile los que habían llegado y contrataron lugareños para los trabajos. Así se formó este pueblito”, relata Ludwig.


La versión en español del libro. La versión en español del libro.
¿Cómo surge la idea de escribir este libro?

Puyuhuapi es un pueblo tan alejado y tan rural, que vuelven pocos de los que se van de él. Y siempre que yo volvía y les contaba a los mismos puyuhuapinos lo lindo que es el lugar, ellos me decían que yo tenía que escribir la historia. Así que me compré una grabadora y empecé a grabar entrevistas.

¿Qué tiene Puyuhuapi de Alemania?

Vas a encontrar a varios rubiecitos por ahí, pero ya no hablan alemán. El orden, porque ha crecido de forma orgánica, con unas calles sinuosas muy agradables. Tenemos varias casonas alemanas antiguas. Y bueno, están las calles: la calle Hamburgo, la avenida Otto Uebel, el puente Walter Hopperdietzel, la calle Ernesto Ludwig, la casa Ludwig, el café Rossbach y mucho kuchen. Cada Sábado Santo celebramos el Festival Curanto y Kuchen, donde se sirve precisamente curanto y kuchen. De ahí el nombre del libro.

¿Llegan todavía alemanes a visitar Puyuhuapi?

Sí, y les llama la atención la belleza del paisaje. Ahí prima la naturaleza. Cuando vas a ver el ventisquero colgante del Parque Queulat, ves a la naturaleza trabajando. En Puyuhuapi hay una fábrica de alfombras, fundada por Walter Hopperdietzel, uno de los primeros colonos. Es un oficio que se está perdiendo, como en todo el mundo, pero todavía produce para la exportación. Además, se produce una cerveza exquisita, la Hopperdietzel. Es realmente buena.



Los paisajes alemanes también son imponentes.

Claro que sí. Yo viví en Baviera y me encanta, pero la naturaleza está dominada, en el sentido de que hay senderos señalizados y asientos para descansar… Recuerdo que cuando iba en tren por Alemania me sorprendía que en todas partes había pueblitos. En la Patagonia no es así. Yo creo que a quienes visitan Puyuhuapi les debe llamar la atención esa locura de irse tan lejos, en una época donde no había nada, donde tenías que esperar arriba de una roca el barco que pasaba una vez al mes.

Habla de la desesperación de la época entreguerras.

Muchos estaban convencidos de que en Checoslovaquia no tenían futuro como alemanes. Además había un movimiento que se llama en alemán Siedlungsbewegung, que buscaba nuevos asentamientos. Eran aventureros que viajaban a los confines del mundo porque había mucho por descubrir. Acá estaba el futuro, según ellos. Soñaban con emigrar y tener aventuras.

Usted vivió en Alemania...

Sí, aprendí idiomas y fui intérprete. En mi casa solo se hablaba alemán, porque mi abuela llegó a Chile cuando expulsaron a los alemanes sudetes y nunca aprendió castellano. Obviamente yo aprendí con mis amigos. A los 18 años me fui a Alemania y volví a Santiago en 1986. Me quedé 15 años, trabajé en el Goethe Institut y luego cumplí mi sueño de volver a Puyuhuapi. Y no me arrepiento.

Fuente: Deutsche Welle, martes 26 de mayo de 2015,   http://www.dw.de/un-pueblo-alem%C3%A1n-en-el-sur-de-chile/a-18474354?maca=spa-newsletter_sp_Titulares-2358-html-newsletter