sábado, 16 de mayo de 2015

Archivo: Los Tranvías de calle Varas en Puerto Montt .



El 10 de enero de 1921 los portomontinos vivieron un episodio inédito y nuy especial cuando la ciudad se  convirtió en una de las pocas del mundo que incorporaba tranvías tirados a a caballo, los llamados “carros de sangre”  para la movilización colectiva.
La Empresa de Carros Urbanos, dirigida  por Juan de Dios Donoso, puso en marcha dicho servicio, que incluí una vía por calle Antonio Varas, entre el Club Alemán (San Felipe9 y el final de Cayenel, con paradero en el Club Alemán, Plaza de Armas (mitad de la cuadra), esquina Curicó, esquina Pedro Montt, Botica Grassau, esquina Talcahuano, Casa Ema Outridge, casa de Adolfo Oelchkers, esquina Valdivia y final de Cayenel, antes de doblar para 21 de mayo.
Los tranvías partían cada 20 minutos y se cobraba una tarifa de 20 centavos en primera clase y 10 centavos en segunda clase. Tenían capacidad para 10 pasajeros y cinco de pie de n cada sección.
OTRA LÍNEAS  .
La segunda línea, que corría  por calle Guillermo Gallardo, quedó establecida el 13 de marzo del mismo año; y a fines de ese mes también daba sus primeros recorridos la tercera línea, prolongación de la primera, entre la Escuela Alemana (Copiapó con Varas) hasta tres cuuadras antes de Angelmó, pasando por Varas y Cayenel.
El servicio de tranvías duró sólo unos pocos años a causa de los inconvenientes presentados por el clima, pues las lluvias convertían las calles en lodazales, cortaban las calles y las altas mareas cubrían el último sector de la línea, cerca de Angelmó, pues no existía un malecón ni  defensa alguna contra las olas.

VARAS POR CAYENEL  .
A propósito de  la línea de tranvías, hay que recordar que una gran polémica se originó en el año 1930 por la disposición de la Ley 4.872 de agosto de ese año, que dispuso el cambio de nombre de la ya tradicional calle Cayenel (prolongación de Varas en Chillán y Pérez Rosales) por el de Antonio Varas .
Esta acción fue considerada poco afortunada por la opinión pública, cuyos dardos apuntaron directamente a la Municipalidad, quien debía ser la llamada a velar por el respeto y conservación de las tradiciones .

Fuente: Diario El Llanquihue de Puerto Montt, Edición Especial Siglo XX, viernes 31de diciembre de 1999, pp 17



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