Fotos gentileza DiarioEl Llanquihue de Puerto Montt
Enero de
1930. Un gran acontecimiento rompe el letargo provinciano. Puerto Montt se
transforma en capital aeronáutica del país con la llegada del Director de los
Servicios Aéreos de la República, el entonces coronel Arturo Merino Benítez,
quien instala su “comando en campaña” en la incipiente Base Aérea de
Chamiza .
Había
llegado el 10 de diciembre de 1929 con el propósito de implementar en el
terreno mismo las condiciones especiales que requería la puesta en marcha de la
segunda etapa del gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, que consistía en unir
todo el territorio por medio de una ruta aérea que controlara nuestro dilatado
espacio para ejercer una real y efectiva soberanía sobre el.
CHAMIZA
PUNTO CLAVE .
Nuestra
aviación militar, gracias al entusiasmo
y acción avasalladora de Merino Benítez, había inaugurado el 6 de marzo
de 1929 el Servicio Postal Aéreo que ya unía Santiago con Arica.
La
segunda parte del plan-la más ambiciosa-era unir Puerto Montt con el extremo
austral.
Era
preciso estudiar los vientos reinantes, crear campos de aterrizaje en los
puntos adecuados, instalar estaciones radiotelegráficas y meteorológicas en la
desmembrada geografía de Llanquihue,
Chiloé, Aysén y Magallanes, en regiones que se hallaban en su totalidad
inexploradas y en valles cordilleranos aptos para la agricultura y la ganadería
que aún permanecían ocultos a la mirada del hombre .
El
hermoso valle de Chamiza había sido elegido como punto neurálgico de conexión
para el trayecto Santiago-Puerto Montt (denominado Línea Aérea Nacional
Central) y el trayecto Puerto Montt-Aysén-Punta Arenas (que fue denominado
Línea Aérea Nacional Sur).
PLANES
HACIA EL SUR .
La
labor de implementación se inició en enero de 1929 con el viaje de
reconocimiento efectuado por una escuadrilla de “botes voladores”, procedente
de Quinteros, que recorrió la zona hasta Quellón con la comisión de los
tenientes Romero, Donoso y Abel, quienes estudiaban el establecimiento de
pistas de aterrizaje en Río Bueno, Aysén, Río Baker y Última Esperanza.
En
aquellos días todo Puerto Montt se volcó a Chamiza. Sus habitantes incrédulos y
asombrados, llegaban a contemplar la improvisada pista y la veían prácticamente
cubierta de una veintena de máquinas voladoras. La Aeronáutica Nacional había
asentado sus reales en Puerto Montt.
RUMBO A
AYSÉN .
La
actividad aérea comenzó a intensificarse día por día. El viernes 13 de
diciembre, Merino piloteando sendos monomotores anfibios Vickers Vedette,
volaban hasta Aysén en viaje de reconocimiento de la ruta aérea.
El 14
de enero de 1930, Merino y Vergara reconocían la región fronteriza sobre el
valle del Puelo hasta el lago Inferior, en
el límite con Argentina, donde acuatizaron. Se iniciaba de esta forma la
colonización aérea de los valles fronterizos.
El
jueves 23 de enero, en cumplimiento con el itinerario establecido, despegan
hacia Aysén los tenientes Aníbal Vidal y Félix Schaerer en sendos anfibios Vedette.
De regreso esa misma tarde, al cruzar una zona barrida por temporales y bancos
de niebla, un torbellino atrapa la máquina de Vidal (quien iba acompañado del
mecánico sargento Ernesto Román), dándola vuelta por completo, precipitándola
desde 500 metros en descenso vertiginoso, destrozando sus alas en el golpe con
el agua y hundiéndola en el mar con sus tripulantes para siempre.
MAGALLANES
.
Al día
siguiente , Merino aborda el trimotor Junkers Nº 6, comandado por el capitán
Alfredo Fuentes. Van en busca de Vidal. Pero al no encontrar rastros del avión,
Merino decide, en homenaje a esos primeros mártires, emprender la conquista de la ruta de los canales australes.
Hasta
entonces nadie había surcado esos amplios espacios, jamás máquina alguna había
sobrevolado los extensos archipiélagos entre Aysén y Magallanes.
El 27
de enero, con una hélice astillada y un flotador roto, el Junkers acuatizaba en
las frías aguas del Estrecho de Magallanes mientras los habitantes de Punta
Arenas se abalanzaban hacia la costa para brindar a los tripulantes su cariño y
admiración por la hazaña.
Pero
cuando los aviadores se aprestaban a regresar, llenos de laureles y honores,
una falla obligó a un amarizaje forzoso en Agua Verde, a 35 kilómetros de Punta
Arenas donde el Junkers termina hundiéndose después de cinco horas a la deriva.
Lograron
salvarse Merino y parte de la tripulación, mientras que el capitán Fuentes
Martínez, el telegrafista Luis Soto Vásquez y el fotógrafo Alfredo Moreno
Mendoza morían atrapados en el interior de su nave dando ejemplos de valor,
audacia y cumplimiento del deber.
EMPRESA
TEMERARIA .
El Club
Aéreo de Puerto Montt fue inspirador de la colonización del valle del Tagua Tagua,
Llanada Grande, Río Puelo, Buil, Vodudahue, Cholgo y tantos otros lugares
aislados hasta entonces.
A
partir de los mismos días del terremoto del 60' la misión continuó desde El
Tepual y la ayuda se incrementó con la llegada de los Twin Otter en 1965,
aeronaves que reúnen excelentes características para operar en la zona.
A partir de entonces los vuelos de socorro y
de ayuda médica del Grupo de Aviación Nº 5 se hacen más frecuentes.
LOS
LEGENDARIOS SIKORSKY .
En
enero de 1937 se iniciaban los vuelos de la Línea Aérea Experimental a
Magallanes con dos anfibios Sikorsky S.43, el “Chiloé” y el “Magallanes”, con
capacidad para 16 pasajeros.
Hacia
fines de ese año los Sikorsky habían realizado 26 viajes entre Puerto Montt y
Punta Arenas y viceversa, con pésimas condiciones de tiempo, luchando contra
fuertes vientos, cerrazones , neblinas, ventiscas y nieve.
La
lucha contra la naturaleza era dramática, por cierto, pese a la potencia de las
máquinas.
El 2 de junio desaparece para siempre el
Sikorsky "Chiloé” en las aguas interiores de Chiloé. Allí perecen los tenientes
Rodolfo Marsch Martin y Darío Aguilera Passig,
el mecánico Arturo Peña Sepúlveda, el radio operador Fernando Hermosilla
y cinco pasajeros.
MÁRTIRES DE
LA AVIACIÓN CHILENA .
Choque aéreo 21 de mayo de 1943 .
Choque aéreo 21 de mayo de 1943 .
Cientos
de personas presenciaron el recordado accidente aéreo del 21 de mayo de 1943
frente a la bahía de Puerto Montt, en medio de un homenaje que había planeado
la Fuerza Aérea con motivo de los 64
años del hundimiento de la Esmeralda.
Esa
mañana llovía intensamente en Puerto Montt, pero el teniente Ignacio Urrutia
Araya tenía todo dispuesto para que justo cuando el reloj marcara las 12 y 10
minutos-hora exacta en que la Esmeralda desapareció bajo el mar- una
escuadrilla de de aviones arrojara una
ofrenda floral al océano frente al escampavía “Yelcho” que estaba fondeado al
lado del muelle de pasajeros.
Lo
acompañarían otros dos subtenientes de
la Base Aérea Chamiza, Antonio Beltrán Vidal y Roberto Reyes, mientras el
teniente Urrutia iría acompañado del sargento Luis Humberto Toro.
Mientras
tanto, en tierra presidían la ceremonia, el intendente Francisco Sepúlveda, el
Obispo de Puerto Montt Alberto Rencoret, el alcalde José Yuraszeck, el prefecto
de Carabineros y el comandante del Regimiento Sangra.
Exactamente
a las 12 horas aparecieron por el lado de la población Lintz y en dirección
hacia la Isla Tenglo , la escuadrilla
aérea, conformada por tres aviones en formación, dos del tipo “Avro” y un
tercero “E Focke Wulf”, desde el cual comandaba las maniobras el teniente
Urrutia.
.
Llegado
el momento de arrojar la ofrenda, el líder de la escuadrilla se apartó de los
otros aviones para realizar el homenaje, mientras el resto continuaba volando
en dirección a Tenglo. Elegantemente el piloto realizó un “spin” y se elevó,
tomando posición para alinearse con sus compañeros.
Al
hacer el viraje se encontró con el avión piloteado por Beltrán , produciéndose
la desgracia a 400 metros de altura. La velocidad que llevaban ambas máquinas
al momento del choque produjo la desintegración del fuselaje de los aviones en el aire, para luego caer al
mar.
El
subteniente Reyes providencialmente alcanzó a escapar del choque gracias a una
hábil maniobra con la cual se elevó en línea recta, dejando pasar bajo la cola
de su avión a las otras dos máquinas con
los infortunados aviadores.
Todo
ocurrió en una fracción de segundos. Al momento de producirse el accidente eran
exactamente las 12 horas 9 minutos y 30 segundos. Tan sólo 30 segundos antes que el cañón del Yelcho
hiciera sonar un estruendoso disparo, que marcaba el hundimiento de la
Esmeralda.
En el
mismo instante en que los trozos de metal se hundían en las tranquilas aguas
del mar, la Esmeralda, con 64 años de intervalo, había iniciado su viaje hacia
las profundidades del fondo marino, llevándose también las vidas de recordados
mártires de la patria.
En
tanto, la gran cantidad de público congregado en el muelle de paseo y las
autoridades presentes, observaron atónitos el hecho; los gritos de espanto ,
frente a lo que veían ensordecerían luego en un silencio aún más aterrador.
RESCATE DE CUERPOS .
Instantes
después, numerosos botes, junto al escampavía “Galvarino” y la lancha “Mercedes”, se trasladaron hasta
el lugar donde cayeron los pilotos para
prestar ayuda y rescatar sus cuerpos.
Mientras tanto, las autoridades se trasladaban al muelle para obtener
informaciones.
Dos
días más tarde, el domingo 23 de mayo, la ciudadanía rindió un póstumo
testimonio de profundo pesar por el desaparecimiento del teniente Urrutia y sus
camaradas al acompañarlos en un gran cotejo desde el Regimiento Sangra a la
Catedral y después al coche mortuorio del ferrocarril que llevó sus cuerpos a
Santiago.
Fuente: Diario El Llanquihue: “EDICIÓN
ESPECIAL SIGLO XX”, Puerto Montt , viernes 31 de diciembre de 1999, pp 53-54
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