La Corporación Cultural de Las Condes junto a la Embajada del Japón han organizado una gran muestra de arte japonés, con alrededor de 50 piezas de colección de los siglos XIII al XIX, como lacas, mobiliario, bronces, textiles, grabados y obras en papel.
La exposición –que se titula MAKI-E. TESOROS DEL ARTE JAPONÉS EN CHILE- cuenta con la curatoría del reconocido restaurador, conservador y artista chileno Alejandro Rogazi.
A mediados del siglo XIX, producto de la masificación de los viajes, hubo en Europa un redescubrimiento del arte oriental, lo que implicó que llegaran numerosas piezas procedentes de países lejanos. Todo lo referente a Japón se denominó “japonismo” y su influencia fue tal que redundó en la propuesta de los Impresionistas y, años más tarde, en la generación del art nouveau y art decó.
Chile no quedó fuera de esta corriente y también recibió importantes piezas desde Europa o directamente de Japón, muchas de las cuales conformaron la famosa Colección García Burr, que se remató en 1999 en una subasta sin precedentes. Para preparar las piezas de dicho remate, fue convocado el restaurador Alejandro Rogazy, quien desde entonces se declara fascinado con el arte japonés. Durante años se ha dedicado a investigarlo y su trabajo da pie para esta inédita exposición.
Las obras que integran la muestra dan cuenta de la delicadeza de esta manifestación que, al contrario de lo que sucede con el antropocéntrico arte accidental – se centra en los cambios de la naturaleza, en la flora y fauna, dejando siempre al hombre en un plano secundario.
El nombre Maki-E alude a una conocida técnica de decoración llamada maki-e o hakuri-chirashi (pintura dispersa o espolvoreada), aplicación de polvo de oro o plata sobre una capa de laca fresca preexistente, papel o metal como decoración usando un Makizutsu (tubo para soplar) o un cepillo Kebo. Esta técnica se convierte en la corriente principal en el arte de la laca japonesa.
La exposición –que se titula MAKI-E. TESOROS DEL ARTE JAPONÉS EN CHILE- cuenta con la curatoría del reconocido restaurador, conservador y artista chileno Alejandro Rogazi.
A mediados del siglo XIX, producto de la masificación de los viajes, hubo en Europa un redescubrimiento del arte oriental, lo que implicó que llegaran numerosas piezas procedentes de países lejanos. Todo lo referente a Japón se denominó “japonismo” y su influencia fue tal que redundó en la propuesta de los Impresionistas y, años más tarde, en la generación del art nouveau y art decó.
Chile no quedó fuera de esta corriente y también recibió importantes piezas desde Europa o directamente de Japón, muchas de las cuales conformaron la famosa Colección García Burr, que se remató en 1999 en una subasta sin precedentes. Para preparar las piezas de dicho remate, fue convocado el restaurador Alejandro Rogazy, quien desde entonces se declara fascinado con el arte japonés. Durante años se ha dedicado a investigarlo y su trabajo da pie para esta inédita exposición.
Las obras que integran la muestra dan cuenta de la delicadeza de esta manifestación que, al contrario de lo que sucede con el antropocéntrico arte accidental – se centra en los cambios de la naturaleza, en la flora y fauna, dejando siempre al hombre en un plano secundario.
El nombre Maki-E alude a una conocida técnica de decoración llamada maki-e o hakuri-chirashi (pintura dispersa o espolvoreada), aplicación de polvo de oro o plata sobre una capa de laca fresca preexistente, papel o metal como decoración usando un Makizutsu (tubo para soplar) o un cepillo Kebo. Esta técnica se convierte en la corriente principal en el arte de la laca japonesa.
También se exhiben muebles Tansu, de pequeñas dimensiones de madera con aplicaciones de metal, utilizado como unidad de almacenamiento debido a su carácter utilitario.
La exposición cuenta también con cajas para fumar, recipientes para comida, cascos de guerra, cajas de caligrafía, portakimonos, incensarios, grabados y katemonos y una colección de tsubas, protectores metálicos de la mano en una espada o katana.
Arte japonés en Chile
En Chile existen tres vías de ingreso de piezas japonesas y por tanto de conformación de colecciones. Una de ellas es la vía militar o diplomática, entre esas colecciones, la de Vicente del Solar y la de la familia Heiremans, respectivamente. Por otro lado, luego del auge económico producido por el negocio del salitre, la plata y el carbón desde la segunda mitad del siglo XIX, familias completas viajan a París, centro hegemónico y modelo cultural de la época. Es allí donde adquieren obras de arte japonesas para incrementar sus colecciones privadas, apropiándose o imitando el interés europeo por las artes orientales. La tercera vía, corresponde a las piezas adquiridas directamente en Japón, como las de la familia Haverbeck de Valdivia y muchas otras familias tanto de Santiago como de Valparaíso.
Ya sea por moda o por conocimiento adquirido, tales colecciones llegaron a Chile configurando el gusto por “lo exótico” de las clases acomodadas, en un periodo mundial marcado por el reordenamiento de la expansión colonial. Ya en los años 30 del siglo XX, estas piezas comienzan a perder interés de las familias y herederos, iniciando un proceso de circulación devaluada en el mercado local. De esta segunda etapa surgen las colecciones García Burr, Cruz y Mella entre otras. Muchas piezas aún hoy reaparecen en el mercado local, que las apetece por el alto valor que han vuelto a adquirir sobretodo en el circuito internacional.
Laca japonesa
La técnica del lacado se desarrolló en amplias zonas como el archipiélago japonés, la península coreana, el continente chino y algunos países del sudeste asiático. Entre estos, es la vajilla de laca llamada “Japón” la que goza de mayor reconocimiento. La historia del lacado japonés y su técnica se remontan al primer período de la época Ja-mon como lo demuestran objetos rescatados en diversas excavaciones arqueológicas, llegando a su máxima expresión en el periodo Kamakura y Edo.
Laca o urushi en japonés es un polímero, producido a partir de una resina (savia) extraída a partir de cortes horizontales de la corteza de la especie Rhus verniciflua, árbol que crece en climas húmedos y se cultiva en toda la península. Los cortes se realizan una vez al día, logrando extraer no más de doscientos gramos de resina al año. La savia, una vez depurada se vuelve incolora, de consistencia viscosa. Se puede aplicar sobre diversos soportes, en finas capas diluidas, algunas piezas llegan a tener hasta 150 manos de laca. Es resistente al agua, muy dura y luego de su pulido mecánico se vuelve brillante. Se puede combinar con aditivos minerales y vegetales dando una amplia gama de colores, efecto muy requerido en la decoración de diversos artículos. Se usa también en la protección de metales, especialmente acero y hierro, muy susceptibles a oxidación por la humedad del clima japonés.
Esta variedad de técnicas permite presentar diferentes grados de luminosidad que contribuyen a rendir la decoración tridimensional con una variedad de tonos, texturas y brillo que las hacen únicas. La más famosa y típicamente japonesa es la técnica “maki-e”, la que consiste en aplicar polvo de oro o plata esparcido a través de un tubo sobre una capa de laca fresca preexistente.
Otras técnicas son:
* Takamaki-E, en el que corresponde un diseño en relieve mezclado con arcilla o carbón pulverizado con laca.
* Nashiji, lacado decorativo en el que se mezclan hojuelas de metal de forma irregular con laca transparente.
* Hiramaki-E, la técnica maki-e más simple para realizar laqueados decorativos.
* Togidashi-E, técnica de acabado donde se aplica color.
* Raden, aplicaciones de madre perla y distintas técnicas de lacado superiores.
* Kirigane, técnica de lacado en el que se aplican pequeños trozos de oro o plata con el fin de producir efectos de luz y textura.
* Roiro Urushi, laca lisa negra brillante.
* Haigaki, laca con líneas incisas.
* Karakusa, laca café sobrepuesta por un trazado dorado polimorfo.
* Hedatsu, laca aplicada sobre metal.
* Kanagai, aplicación de lámina dorada lisa.
* Namban, aplicaciones de marfil, coral, porcelana, jade, paladar de tiburón.
Fecha: 30 de mayo al 9 de agosto de 2015
Lugar: Casa-Museo Santa Rosa de Apoquindo. Padre Hurtado Sur 1195
Horario: Martes a domingo, 10:30 a 19:00 horas
Entrada: Liberada
La exposición cuenta también con cajas para fumar, recipientes para comida, cascos de guerra, cajas de caligrafía, portakimonos, incensarios, grabados y katemonos y una colección de tsubas, protectores metálicos de la mano en una espada o katana.
Arte japonés en Chile
En Chile existen tres vías de ingreso de piezas japonesas y por tanto de conformación de colecciones. Una de ellas es la vía militar o diplomática, entre esas colecciones, la de Vicente del Solar y la de la familia Heiremans, respectivamente. Por otro lado, luego del auge económico producido por el negocio del salitre, la plata y el carbón desde la segunda mitad del siglo XIX, familias completas viajan a París, centro hegemónico y modelo cultural de la época. Es allí donde adquieren obras de arte japonesas para incrementar sus colecciones privadas, apropiándose o imitando el interés europeo por las artes orientales. La tercera vía, corresponde a las piezas adquiridas directamente en Japón, como las de la familia Haverbeck de Valdivia y muchas otras familias tanto de Santiago como de Valparaíso.
Ya sea por moda o por conocimiento adquirido, tales colecciones llegaron a Chile configurando el gusto por “lo exótico” de las clases acomodadas, en un periodo mundial marcado por el reordenamiento de la expansión colonial. Ya en los años 30 del siglo XX, estas piezas comienzan a perder interés de las familias y herederos, iniciando un proceso de circulación devaluada en el mercado local. De esta segunda etapa surgen las colecciones García Burr, Cruz y Mella entre otras. Muchas piezas aún hoy reaparecen en el mercado local, que las apetece por el alto valor que han vuelto a adquirir sobretodo en el circuito internacional.
Laca japonesa
La técnica del lacado se desarrolló en amplias zonas como el archipiélago japonés, la península coreana, el continente chino y algunos países del sudeste asiático. Entre estos, es la vajilla de laca llamada “Japón” la que goza de mayor reconocimiento. La historia del lacado japonés y su técnica se remontan al primer período de la época Ja-mon como lo demuestran objetos rescatados en diversas excavaciones arqueológicas, llegando a su máxima expresión en el periodo Kamakura y Edo.
Laca o urushi en japonés es un polímero, producido a partir de una resina (savia) extraída a partir de cortes horizontales de la corteza de la especie Rhus verniciflua, árbol que crece en climas húmedos y se cultiva en toda la península. Los cortes se realizan una vez al día, logrando extraer no más de doscientos gramos de resina al año. La savia, una vez depurada se vuelve incolora, de consistencia viscosa. Se puede aplicar sobre diversos soportes, en finas capas diluidas, algunas piezas llegan a tener hasta 150 manos de laca. Es resistente al agua, muy dura y luego de su pulido mecánico se vuelve brillante. Se puede combinar con aditivos minerales y vegetales dando una amplia gama de colores, efecto muy requerido en la decoración de diversos artículos. Se usa también en la protección de metales, especialmente acero y hierro, muy susceptibles a oxidación por la humedad del clima japonés.
Esta variedad de técnicas permite presentar diferentes grados de luminosidad que contribuyen a rendir la decoración tridimensional con una variedad de tonos, texturas y brillo que las hacen únicas. La más famosa y típicamente japonesa es la técnica “maki-e”, la que consiste en aplicar polvo de oro o plata esparcido a través de un tubo sobre una capa de laca fresca preexistente.
Otras técnicas son:
* Takamaki-E, en el que corresponde un diseño en relieve mezclado con arcilla o carbón pulverizado con laca.
* Nashiji, lacado decorativo en el que se mezclan hojuelas de metal de forma irregular con laca transparente.
* Hiramaki-E, la técnica maki-e más simple para realizar laqueados decorativos.
* Togidashi-E, técnica de acabado donde se aplica color.
* Raden, aplicaciones de madre perla y distintas técnicas de lacado superiores.
* Kirigane, técnica de lacado en el que se aplican pequeños trozos de oro o plata con el fin de producir efectos de luz y textura.
* Roiro Urushi, laca lisa negra brillante.
* Haigaki, laca con líneas incisas.
* Karakusa, laca café sobrepuesta por un trazado dorado polimorfo.
* Hedatsu, laca aplicada sobre metal.
* Kanagai, aplicación de lámina dorada lisa.
* Namban, aplicaciones de marfil, coral, porcelana, jade, paladar de tiburón.
Fecha: 30 de mayo al 9 de agosto de 2015
Lugar: Casa-Museo Santa Rosa de Apoquindo. Padre Hurtado Sur 1195
Horario: Martes a domingo, 10:30 a 19:00 horas
Entrada: Liberada
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